Bruma
BRUMA. Jorge Muñoz Gallardo.
No sabÃa cómo era que estaba ahÃ, colgado en un gancho de hierro, en la carnicerÃa de don Pascual. Algunos recuerdos le llegaban de la espesa bruma de su memoria y enseguida desaparecÃan. Quince años de ejercicio de su profesión le habÃan valido un bien ganado respeto y aprecio de las buenas gentes del pueblo, y como hábil dentista, hasta le habÃa sacado la muela del juicio al alcalde, que le regaló una pipa de fina madera en agradecimiento. Pero, ahora estaba allÃ, completamente desnudo, sintiendo, con horror, el chirrido de la sierra que trozaba los muslos y el lomo de cerdos y vacunos, como si fueran un pan de mantequilla. HabÃa intentado gritar, pedir ayuda, sin embargo, de su garganta solo brotaban gruñidos. A ratos pensaba que todo habÃa comenzado con esa extraña pesadilla... Se levantó como siempre, con entusiasmo, pero al salir de la cama rodó por el suelo, y al incorporarse descubrió con asombro que andaba en cuatro patas, y al mirarse en el espejo del ropero comprobó que su apariencia era la de un cerdo. Luego corrÃa por un potrero y unos hombres lo perseguÃan.... Después lo metÃan en un saco y más tarde colgaba en ese gancho infamante... Ahora no sabÃa si continuaba en la pesadilla o se trataba de una espantosa realidad. Cuando la sierra metálica comenzó a trozarle el redondo cogote y dejó escapar un alarido indescriptible, supo que era verdad, pero su conocimiento duró menos de un segundo; su cabeza enrojecida por la sangre, habÃa caÃdo en el interior de un balde.
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