Afición
AFICIÓN. Jorge Muñoz Gallardo.
Le gustaba escribir historias de fantasmas, en los cuales, naturalmente, no creÃa puesto que era un hombre sensato. Gozaba manipulando aquellas criaturas sin volumen ni peso, a su antojo. A unos los colocaba en un castillo que alzaba sus torreones almenados en las orillas del olvido, a otros en una casa abandonada en tierras de Cantabria, o apareciendo tras el carcomido tronco de un olmo viejo, en un camino solitario. Y estos juegos del ingenio le duraron hasta que su abuelo, muerto de un tiro en la frente, mientras defendÃa los versos de GarcÃa Lorca durante la guerra civil, se le plantó delante una noche de otoño, cuando escribÃa una de sus historias. El fuego ardÃa en la chimenea y la danza de las llamas proyectaba inquietas sombras en el piso de madera encerada. El viejo se acomodó en una silla, junto a su escritorio, vestÃa harapos sucios de moho y manchas de sangre, en la frente tenÃa la herida aún abierta, y sus ojos vacÃos intimidaban. Ya que te gustan tanto los fantasmas, dijo el anciano, quiero que escribas mi propia historia, escucha bien lo que te voy a contar... cuando el viejo terminó de hablar, ya amanecÃa, y desapareció con los primeros rayos de un pálido sol. El autor de fantasmagorÃas caseras no escribió la historia del abuelo, y abandonó definitivamente su afición literaria.
Compartir en redes sociales
Esta página ha sido visitada 378 veces.